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Arquitectura en Chocolate

LA MONA ES UNO DE LOS SÍMBOLOS DE PASCUA, TAMBIÉN EN ARAGÓN, DONDE SU ELABORACIÓN TIENE FUERTE ARRAIGO DESDE QUE SE IMPLANTÓ EN LOS AÑOS 70.
La Semana Santa aragonesa es como las demás. Procesiones, vacaciones y mucha comida. Sobre todo si es dulce. La pastelería Tolosana de Almudévar lleva tres generaciones dedicándose a esto de hornear, amasar y azucarar manjares selectos.
Luis Tolosana y su hermano Jesús, junto con sus respectivas mujeres, llevan gran parte de su vida dedicándose a cortejar los paladares más selectos a través del azúcar, la harina y el horno. "Lo típico de nuestra pastelería es la trenza de Almudévar. Pero para estas fechas se venden mucho las torrijas, los buñuelos de crema y los huevos de chocolate, o monas", explica Luis con dicción de especialista en el tema.
En Aragón, explica, esta dulce tradición de las monas de Pascua llegó en la década de los 70 desde Cataluña, comunidad pionera en aquello de darle forma al peculiar y azucarado oro negro. Desde entonces, sus ganas de evolucionar y las del resto de pasteleros han llevado el arte confitero a los ordenadores.
De aquel bollo coronado por un huevo duro, se ha pasado a la sofisticada mona con forma de dibujo animado. Mediante tinta vegetal, un scáner y manteca de cacao, se logra darle al chocolate la forma de cualquier imagen u objeto, haciendo las delicias visuales y gustativas de grandes y pequeños. Es lo que este pastelero llama "serigrafía". Esta es la tradición que ha arraigado en la comunidad aragonesa, algo que se traduce, en el caso de Tolosana, en casi 900 monas vendidas cada Semana Santa. Aunque, según el entregado pastelero, "es ahora cuando en Aragón se está experimentando el auge en este campo". Todo gracias a la búsqueda de nuevas propuestas de profesionales como Luis y su hermano. "Procuramos innovar pero, cuando algo tradicional funciona, lo conservamos", asegura este respetuoso de lo artesanal.
El chocolate exige ser mimado con ternura para que el que se deleite con el placer de comerlo pueda disfrutarlo en su plenitud. Así, las altas temperaturas no le benefician demasiado, por lo que no es un producto muy extendido en el sur de España. Es en la zona Noreste de la península donde más ha arraigado esta deliciosa tradición, asegura, y añade que "cada año se venden más figuras de chocolate en Aragón".
Así que contentos pueden estar los aragoneses por haber nacido aquí. Donde el frío arrecia, pero el comer se aprecia.