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Art in the USA: 300 Años de innovación

Con aproximadamente 200 obras y una especial atención a la pintura, la muestra presentada en el Guggenheim ofrece un extraordinario panorama de la diversidad cultural e histórica estadounidense.

Las seis secciones que conforman la exposición marcan importantes fases en el desarrollo del país: Colonización y Rebelión (1700-1830), Expansión y Fragmentación (1830-80), Cosmopolitismo y Nacionalismo (1880-1915), Modernidad y Regionalismo (1915-45), Prosperidad y Desilusión (1945-80), y Multiculturalismo y Globalización (1980-momento actual).

Desde los retratos de líderes civiles y figuras públicas del período colonial norteamericano hasta los magníficos paisajes de la salvaje naturaleza del oeste; desde la popularidad de las pinturas impresionistas francesas de comienzos del siglo XX y las exploraciones post-industriales del Expresionismo Abstracto y el Arte Pop hasta algunas de las obras más interesantes que se han producido en EEUU en la actualidad, la amplitud de esta muestra evidencia las distintas fases del desarrollo histórico, cultural y social norteamericano.

I. Colonización y Rebelión (1700-1830)
Las pinturas del período colonial norteamericano constituyen una pequeña parte de la creación artística del país. Los colonos europeos se establecieron en las fronteras de los asentamientos de los nativos americanos que tenían sus propias tradiciones artísticas. A su vez, entre los colonos también se contaban personas procedentes de Asia y África que tenían gustos artísticos no europeos. Por ello, las artes de este período representan los valores de diferentes culturas. Pero cuando la historia política de EEUU se centra en la relación de las colonias con Gran Bretaña, también el arte lo hace.

Sin embargo, existieron sutiles variaciones en el arte norteamericano desde el principio. Los primeros retratos reflejan la cultura puritana de Nueva Inglaterra y la rigidez de las figuras, símbolo del estricto código moral del ciudadano ideal. Ya en el siglo XVIII, los valores coloniales se habían relajado y los ricos americanos, como los europeos, demandaba retratos que mostraran sus lujosas vestimentas y posesiones materiales. Pero los americanos evitaron los símbolos europeos de nobleza y poder, prefiriendo mostrar sus logros como comerciantes y coleccionistas. Los retratos de los líderes civiles y figuras públicas no pretendían inspirar reverencia o admiración, sino orgullo nacional y decidida ciudadanía.

II. Expansión y Fragmentación (1830-1880)
La necesidad de desarrollar una identidad nacional después de la Guerra Revolucionaria (1775-83) animó a los ciudadanos del recién formado país a debatir el significado de ser estadounidense. Ya en la década de 1820 las pinturas que describían la vida contemporánea y el paisaje ofrecían a los artistas americanos una forma de ilustrar su creencia de que los ciudadanos del país eran excepcionales por mor de su libertad económica y personal.

Las pinturas de género celebraban al individuo normal en un entorno democrático. Estas obras divertían o provocaban el reconocimiento por parte de quienes se veían a sí mismos o a sus vecinos reflejados en escenas anecdóticas de la vida cotidiana. Como tales, las pinturas de género contribuyeron a desarrollar una conciencia nacional entre las variadas gentes del país. Los paisajes que mostraban la impoluta naturaleza y la vasta y casi ilimitada extensión del continente virgen, simbolizaban el potencial de grandeza de la nación. A mediados de siglo, el Destino Manifiesto -la expansión de la democracia y la libertad hacia el oeste por mandato divino- legitimaba, para la mayoría de estadounidenses, el movimiento de la población por todo el continente. Las obras de este período ponen de relieve estos hechos y exploran la evolución y agitación de la época, documentando la diversidad del paisaje americano.
III. Cosmopolitismo y Nacionalismo (1880-1915)
El arte estadounidense a comienzos del siglo XX refleja los retos que afrontaba un país que entraba en la escena mundial. Su nueva riqueza permitía a los artistas y coleccionistas dejar su impronta en el extranjero, mostrando una apariencia verdaderamente cosmopolita. Al tiempo, la masiva inmigración a América procedente de todos los confines del globo disipó definitivamente la identidad de EEUU de antigua colonia británica, convirtiendo a ciudades como Nueva York en las más internacionales.

Era la época del barco de vapor, que llevó a América y su arte al alcance de la comunidad mundial y del crisol de la modernidad. La popularidad del Impresionismo se vio favorecida por los numerosos artistas que trabajaban en París, y por las obras impresionistas francesas que pasaron a formar parte de colecciones norteamericanas. La pintora de más éxito del país, Mary Cassatt, se convirtió en un importante miembro del grupo de impresionistas modernos de París.

Las nuevas tecnologías, especialmente la fotografía, también tuvieron un poderoso influjo en los artistas norteamericanos, tal y como se refleja en su forma de tratar los temas urbanos. En lugar de las coloristas vistas de la ciudad, propias del Impresionismo, los pintores del estilo Ash Can buscaron la imagen de una palpitante urbe del comercio. Totalmente conscientes de las tendencias modernas, estos pintores creían en su interpretación genuinamente americana del arte moderno.

IV. Modernidad y Regionalismo (1915-1945)
En una época de efervescencia política entre las dos guerras mundiales, la lucha de los artistas norteamericanos por afrontar las complejidades nacionales e internacionales de su tiempo contribuyó al surgir de uno de los períodos más diversos y contradictorios del arte norteamericano. La Gran Depresión de los años treinta puso fin a la exuberante era del jazz, llevando el desorden a la vida cultural. Muchos artistas que habían cultivado la abstracción dejaron de atender a cuestiones estéticas para hacer proclamas acerca de la injusticia política y social (el realismo social) y para representar la iconografía regional americana (regionalismo). Los regionalistas describían a EEUU como una nación de gente llana y gran diversidad geográfica, y, además, demostraron que los artistas podían ser independientes de Nueva York. Por su parte, los creadores que vivían en esa ciudad buscaban la innovación artística en el mundo natural y en la geometría de los espacios arquitectónicos plasmada en formas abstractas.

V. Prosperidad y Desilusión (1945-1980)
La profunda ambivalencia es característica del país tras la II Guerra Mundial. Pese a su triunfal recuperación de la depresión económica de los años treinta, la preocupación por la vuelta de los malos tiempos perduraba. Pese a que el auge de los suburbios proporcionaba una seguridad nueva, surgieron contraculturas que desafiaban el status quo. El optimismo de la próspera posguerra era contrarrestado por el miedo a la guerra atómica. El desarrollo del Expresionismo Abstracto coincide con el surgir de EEUU como superpotencia internacional. Rompiendo con las convenciones imperantes, tanto en lo relativo a técnica como a tema, las nuevas obras trataban de psiques individuales. El proceso creativo se convierte en fundamental para unos artistas que maniobran con gran espontaneidad e improvisación en lienzos de escala monumental. Las obras de pintores como Jackson Pollock, Willem de Kooning, Robert Motherwell y Mark Rothko, que escapan la clasificación dentro de una categoría, pueden definirse vagamente como estilos muy abstractos cuyo énfasis radica en el gesto dinámico y enérgico o en el interés reflexivo y cerebral por jugar con amplios campos de color.
Los años sesenta siguieron siendo testigos de dramáticos cambios en el arte americano a medida que el Arte Pop y el Minimalismo acaparaban la atención del mundo del arte. Artistas pop como Andy Warhol, Roy Lichtenstein y James Rosenquist se inspiraron en la publicidad, las vallas, el cine, la televisión y los envases comerciales para presentar imágenes, a veces transformadas mediante el humor, la ironía, o el ingenio, que pueden ser interpretadas como celebración y como crítica de la cultura popular.

Contrastando con la fascinación por la sociedad de consumo de los artistas pop, los minimalistas primaron el concepto sobre el material, la idea sobre la cualidad sensorial, a menudo prefiriendo la escultura a la pintura, y buscando alternativas entre estas categorías y más allá. Algunos de estos artistas como Dan Flavin, Donald Judd y Ellsworth Kelly rechazaron la pintura como inherentemente ilusionista y prefirieron crear objetos y estructuras que, siendo tridimensionales, no entraban en la tradicional definición de escultura.

VI. Multiculturalismo y Globalización (1980-momento actual)
Desde 1980 los artistas de EEUU han afrontado su herencia del Pop, del Minimalismo, del Arte Conceptual, la performance y el vídeo, llevando estas iconoclasias a extremos aún mayores y a manifestaciones más sofisticadas.

Durante los años ochenta resurge la figuración en la pintura con un enorme éxito comercial, especialmente gracias al boom económico de esta década y pese a la amenaza de la regresión (Julian Schnabel, Eric Fischl y David Salle). Sin embargo, las obras de Jean-Michel Basquiat, Keith Haring, Felix Gonzalez-Torres y Robert Gober, tratan de problemas sociales, desigualdad e incluso de la nueva epidemia del VIH/SIDA que ensombreció la era Reagan, en contraste con el triunfo económico de los años ochenta. La diversidad de prácticas del arte contemporáneo estadounidense continúa cuestionando y redefiniendo el arte y su función, tratando las exigencias de la sociedad actual.