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Exposición en New York sobre obras de Ráfols-Casamada

Del 20 de julio a 29 de septiembre de 2006 se puede ver en Nueva York una exposición de 52 0bras de Ràfols-Casamada, organizada por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior de España (SEACEX)
La muestra Se presenta en el Queen Sofía Spanish Institute (684 Park Avenue. New York, NY 10021) y es comisariada por José Francisco Yvars
Albert Ràfols-Casamada es, sin duda, uno de los ejemplos más destacados de la cultura artística hispana de los últimos años. Su pintura es el modelo de la eficaz visualización de una vieja aspiración clasicista: la obra bien hecha, firmemente anclada en la tradición artística catalana que aleteaba, de manera más o menos encubierta, durante sus años de formación: el noucentisme. Sin embargo, la obra plástica de Ràfols se tiñe de una sorprendente diversidad que lo diferencia de sus excepcionales compañeros de generación.
Es una figura singular en el horizonte artístico de los últimos sesenta años. Siempre elegante, discreto, atento; en ocasiones silencioso, en otras suavemente mordaz, solo o en compañía de Maria Girona - artista destacada también-, el pintor representa un signo de nuestro imaginario sensible que con el paso del tiempo se nos ha hecho cotidiano: poeta, melómano, lector voraz y exigente, activista cuando toca, espíritu alerta en todo momento. Para mí, debo dejarlo claro de entrada, Ràfols-Casamada presenta el incisivo perfil de esa quimera romántica que llamamos todavía el artista completo.
Ràfols ha sabido transformar en su obra lo que pudiéramos llamar los estímulos imaginativos del noucentisme –su padre fue un respetado paisajista- en una gama compleja de opciones artísticas muy activas en la evolución de su pintura. Además, nuestro artista ha tenido la fortuna de pertenecer a una generación de grandes nombres de la pintura hispana: Picasso, Miró, Tàpies, el grupo Dau al Set, Hernández Pijuan, Cuixart, Esteban Vicente, Palazuelo, Saura, el grupo El Paso, el pop art…, una auténtica edad de plata artística de la que sólo con el paso del tiempo comenzamos a vislumbrar su envergadura real.
Hombre público de criterio y prudencia reconocidos, Ràfols-Casamada ha sido un artista cosmopolita y viajero.
Formado en el París que salía de la crisis de identidad cultural existencialista, en la soledad forzada de la bohemia del Quartier Latin, ha sabido captar como pocos en su tiempo la nueva sensibilidad que deslumbraba todavía en Picasso, Braque y Miró, pero también en la tradición díscola y rupturista de la pintura-pintura: el materismo, la nueva figuración, el expresionismo abstracto norteamericano, la abstracción lírica, el legado desconcertante de la pintura metafísica, el arte técnico y la pintura popular.
Ràfols hace suyo el alegato clásico que activa con original vehemencia:
“Aspiro en mi pintura a la perfección, pero a una perfección triple que disimula una locura, también, triple: loco yo mismo, loco mi lenguaje y loca mi pintura... Busco en todo momento una voz... Llegar al final, a la pura locura: la obra de arte completa”. Para Ràfols, un deslumbrante universo de formas que la luz multiplica y la composición transforma en enigmáticos signos de arte. Qué cerca del viejo Cézanne, tan próximo a las convicciones de nuestro artista:
- Savoir voir. Sentir...
- Je crois que le peintre apprend à penser. Sur nature, il apprend à voir.
Habiendo alcanzado ya su octava década, es posible encontrar una vitalidad imaginativa y un dinamismo intelectual admirables en el estimulante proceso creativo del artista catalán. Sin duda, un clásico para nuestro tiempo.