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El horario escolar debería comenzar con manualidades y terminar con deportes, dice estudio

Es un campanazo de alerta a los colegios sobre cómo deben distribuir las materias para lograr el máximo rendimiento y concentración de sus alumnos.

Los niños, contrario a lo que se piensa, no están más activos al comienzo de la jornada escolar. Lo están en la mitad, porque su cuerpo así se los pemite. Por ello, asignaturas como matemáticas, química, historia y física (entre otras) no deberían enseñarse al inicio de las clases sino en el intermedio.

Al comienzo del día las más apropiadas son las que requieren algo de memoria y poca comprensión, como los trabajos mecánicos o manualidades. Y al final, las mejores son las relacionadas con actividad física, como danzas o deportes.

“A pesar de que la muestra evaluada fue pequeña es un indicador de lo que está sucediendo. Se han diseñado los horarios basados en la creencia de que cuando los estudiantes llegan al colegio están descansados, pero la verdad es que están somnolientos y no tienen la atención que se requiere”, explicó Christian Hederich, responsable de la investigación.

Aunque el estudio falta por hacerse entre estudiantes de diferentes climas, culturas y de las jornadas noche y completa (8 a 4 de la tarde), ya da un campanazo de alerta a los colegios.

Más sobre el estudio

Hederich, doctor en psicología de la Universidad Autónoma de Barcelona (España) y magíster en Desarrollo Educativo y Social de la Universidad Pedagógica, coordinó durante el 2002 y el 2003 a un equipo de pedagogos del Centro de Investigaciones de la Pedagógica, que estudió los ritmos de aprendizaje de estudiantes de Bogotá y Tabio (Cundinamarca).

Durante ese tiempo diseñaron pruebas y evaluaron en diferentes momentos del día a 150 estudiantes de noveno grado, de las jornadas de la mañana y la tarde de un colegio público de la capital y de uno rural del municipio.

A las 7 a.m., 9:15 a.m. y 12 del día, así como a las 12:30 de la tarde, 3 p.m. y 5:45 p.m. los niños fueron examinados durante dos semanas para conocer la velocidad con la que aprendían y el grado de precisión de sus respuestas. Para ello tuvieron que ordenar dígitos y escuchar una grabación, y después responder preguntas. “Eso nos mostró que al comienzo de la jornada los niños recuerdan lo que se les ha dicho, pero no comprenden a plenitud. Esta aptitud mejora en el intermedio de la jornada”, explicó Hederich.

También comprobó que la precisión y velocidad en las respuestas mejora a medida que avanzan las clases. Esto fue más notorio en la jornada de la mañana, pero las mismas conclusiones se pueden dar para la tarde.

Así mismo, es evidente en los estudiantes rurales los mejores desempeños en el intermedio de la jornada, aunque ellos están más despiertos porque duermen más: se acuestan más temprano y se levantan más tarde que los de la ciudad.

“En promedio, los de Bogotá se van a la cama a las 10:30 de la noche, pero encontramos algunos que lo hacen a las 12:30 de la noche –señaló Hederich–. Solo duermen cinco horas porque deben despertarse a las 4 o 5 a.m. ya que duran mucho tiempo en el transporte”.

Los investigadores aseguran que el poco sueño se verá reflejado en unos años. “Estamos afectando a toda una generación que tarde o temprano presentará fatiga crónica y eso repercutirá en su salud mental”, agregan.

Por esos resultados, los expertos proponen que los colegios se adapten a las características biológicas de los niños. Eso significa desde crear jornadas completas que permitan a los niños entrar más tarde y llegar a una especie de recreo para que terminen de despertarse de los largos recorridos de las rutas escolares hasta modificar los horarios de clase.

Fuente: Terra El Tiempo