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Van Gogh, Los Ultimos Paisajes

En el museo Thyssen Bornemisza de Madid, del 12 de junio al 16 de septiembre de 2007, se puede ver la muestra “Van Gogh. Los últimos paisajes”, de la que es comisario Guillermo Solana, conservador jefe del Museo Thyssen-Bornemisza.

Van Gogh, el 20 de mayo de 1890, llegó a Auvers-sur-Oise, un pequeño pueblo a una hora de distancia de París. Una semana antes había abandonado el manicomio de Saint-Rémy, tras pasar allí un año entero internado. Venía en busca de un lugar tranquilo en el campo donde recuperar la salud y la calma, con la esperanza de comenzar una nueva vida y un nuevo ciclo en su trabajo. Pero sólo dos meses después, el 27 de julio, en los campos cercanos al château de Auvers, se disparó un tiro de revólver que le causaría la muerte, tras una larga agonía, en la madrugada del 29 de julio. La muestra es un compendio referido a los últimos tiempos del pintor, en el año 1890.

La exposición reúne treinta obras (veintisiete pinturas y tres dibujos) procedentes de museos y colecciones privadas de todo el mundo. En ella se incluyen, además, seis cuadros de los tres grandes precursores de Van Gogh, que habían pintado en Auvers antes que él y cuya presencia Vincent sentía en el paisaje: Daubigny, Pissarro y Cézanne. Todas las obras de Van Gogh presentes en la exposición pertenecen al periodo de Auvers, incluida una de las obras maestras de la Colección del Museo: “Les Vessenots” en Auvers.

El periodo de Auvers
En sólo setenta días Van Gogh produjo unas setenta y dos pinturas, treinta y tres dibujos y un grabado. Como si supiera que sus días estaban contados, como en una angustiosa cuenta atrás. Se levantaba a las cinco de la mañana y se pasaba toda la jornada pintando en los campos o en las calles del pueblo. En una carta escribió: “Estos días trabajo mucho y deprisa; al hacerlo así trato de expresar el paso desesperadamente rápido de las cosas en la vida moderna.” Ese ritmo frenético se traduce a veces en una ejecución pictórica impulsiva, arrebatada, pero también descubrimos en la obra de este periodo composiciones de una extraordinaria serenidad. Desde siempre se ha reconocido en esa producción algunas de las obras maestras más características del pintor pero, en conjunto, el periodo de Auvers ha sido considerado a veces como un declive y apenas se ha prestado atención a sus rasgos peculiares en contraste con otras etapas del artista.

Después de su estancia en Provenza, Auvers representa para Van Gogh el retorno al paisaje del Norte en el que había pensado durante tanto tiempo: en Auvers reencuentra los temas rústicos y la comunidad rural de su juventud, que había perdido desde que abandonó Nuenen. Y con los campos de Holanda, recupera también la mirada de los grandes paisajistas holandeses del siglo XVII, que nunca dejó de admirar profundamente.

Desde el punto de vista estilístico, la etapa de Auvers no supone una ruptura con el periodo anterior, pero su estilo se encuentra en plena evolución. La raíz del estilo de Van Gogh sigue siendo su formación como dibujante durante su etapa holandesa hacia 1880-1882. Todo el repertorio gráfico desarrollado por Vincent desde entonces, su léxico de puntos, trazos cortos y largos, líneas quebradas u ondulantes, ensayado primero con la pluma, será trasladado al lienzo; dibujar con el color es el rasgo dominante de toda su obra tardía. En el periodo de Auvers Van Gogh atiende menos a los detalles naturalistas, su trazo se multiplica y se retuerce, produciendo arabescos en los árboles y las casas, oleajes en los trigales, movimientos y ritmos curvilíneos de una enorme vitalidad dinámica.